Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


El espejo que no mentía



A veces buscamos fuera aquello que necesitamos descubrir dentro.

Hay preguntas que pasamos años haciendo a los demás, cuando quizá la respuesta siempre estuvo esperándonos frente al espejo. No podemos elegir todo lo que nos sucede, pero sí podemos elegir qué hacemos con ello.


 Clara llevaba mucho tiempo sintiendo que su vida no avanzaba.

Cada vez que algo salía mal encontraba una explicación.

Si no conseguía aquello que quería, era porque las circunstancias no la ayudaban.

Si una relación terminaba, era porque los demás no sabían quererla.

Si un proyecto no salía adelante, siempre había alguien que había puesto obstáculos.

Y, poco a poco, fue acostumbrándose a mirar hacia fuera para encontrar responsables.

Una tarde, después de un día especialmente difícil, entró en una pequeña tienda de antigüedades.

No buscaba nada concreto.

Solo necesitaba caminar y dejar que el tiempo pasara.

Al fondo de la tienda encontró un espejo antiguo. Era grande, de madera gastada y con algunas marcas que dejaban adivinar que había vivido muchas historias.

—Es precioso —dijo Clara.

El anciano que atendía la tienda sonrió.

—Lo es. Pero tiene una particularidad.

—¿Cuál?

—No le gusta mentir.

Clara soltó una pequeña risa.

—¿Un espejo que no miente?

—Ninguno debería hacerlo —respondió él—. La diferencia es que algunos solo muestran nuestro rostro. Este también nos obliga a mirar un poco más adentro.

Clara volvió a observarse.

Al principio solo vio su expresión cansada.

Pero después recordó todas aquellas veces en las que había culpado a alguien de sus fracasos.

Recordó oportunidades que había dejado pasar por miedo.

Palabras que no se había atrevido a decir.

Puertas que había cerrado antes siquiera de llamar.

Y comprendió algo que no resultaba cómodo, pero sí liberador:

No podía cambiar todo lo que le había ocurrido, pero sí podía decidir qué hacer con aquello que le ocurría.

No era responsable de cada herida que la vida le había dejado.

Pero sí podía decidir si quería seguir viviendo alrededor de ellas.

No podía controlar las decisiones de los demás.

Pero sí podía elegir las suyas.

No podía cambiar el pasado.

Pero todavía tenía delante el día de hoy.

Clara se quedó unos minutos frente al espejo.

Por primera vez en mucho tiempo no buscó defectos ni culpables.

Solo se miró.

Y sonrió.

No porque de repente todos sus problemas hubieran desaparecido.

Sino porque había descubierto algo mucho más importante:

Quizá cambiar su vida no empezaba por cambiar el mundo que la rodeaba, sino por cambiar la manera en que ella decidía caminar por él.

Antes de marcharse, volvió a mirar al anciano.

—Creo que ya entiendo por qué dice que este espejo no miente.

Él sonrió.

—Los espejos nunca han tenido la culpa de lo que decidimos ver en ellos.

Reflexión final

A veces esperamos que cambien las circunstancias, las personas o el mundo que nos rodea para empezar a sentirnos mejor.

Pero hay cambios que comienzan mucho más cerca.

En la forma de mirarnos.
En las decisiones que tomamos.
En aquello que nos permitimos intentar.

No podemos elegir todo lo que nos sucede, pero sí podemos elegir qué hacemos con ello.

Y quizá ese sea uno de los descubrimientos más liberadores de la vida:

Cuando dejamos de buscar culpables y empezamos a mirarnos con honestidad, también empezamos a descubrir todo lo que todavía podemos cambiar. 

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