No siempre podemos entender lo que nos ocurre, pero quizá sí podemos decidir qué hacemos con ello.
A veces la vida nos coloca delante de situaciones que no habíamos elegido y que tampoco entendemos. Nos enfadamos, nos resistimos, nos preguntamos por qué… hasta que un día descubrimos que incluso de aquello que no esperábamos podemos sacar algo que nos ayude a seguir.
Hay días en los que las cosas no salen como esperábamos.
Hacemos planes y la vida los cambia. Confiamos en algo y no resulta como pensábamos. Alguien aparece cuando no lo esperábamos, o alguien que creíamos que estaría siempre toma otro camino.
Y claro que duele.
No creo que tengamos que sonreír ante todo lo que nos ocurre ni convencernos de que cada golpe tiene una explicación.
A veces simplemente no la encontramos.
Pero con el tiempo he aprendido que una cosa es preguntarnos por qué nos pasó algo y otra muy distinta preguntarnos qué podemos hacer con aquello que nos ha pasado.
Quizá ahí empiece el verdadero aprendizaje.
Porque hay situaciones que no podemos cambiar, pero sí podemos cambiar la manera en que las atravesamos.
Podemos quedarnos mucho tiempo mirando lo que salió mal o empezar, poquito a poco, a buscar qué nos está enseñando.
Una decepción puede enseñarnos a conocernos mejor.
Una despedida puede recordarnos cuánto significaba alguien para nosotros.
Un cambio que no queríamos puede terminar llevándonos hacia un lugar que nunca habríamos elegido por nuestra cuenta.
Y a veces, incluso aquello que parecía un error termina abriendo una puerta que no habíamos visto.
No sé si todo ocurre por alguna razón.
Sinceramente, creo que hay cosas en la vida que nunca llegaremos a comprender del todo.
Pero sí creo que podemos encontrar un sentido en lo vivido.
Podemos tomar lo que nos sirve, dejar atrás lo que ya no necesitamos y continuar.
No hace falta tener todas las respuestas.
Tampoco hace falta saber exactamente hacia dónde vamos.
A veces basta con dar el siguiente paso.
Y quizá eso sea lo más importante: recordar que, aunque no podamos elegir todo lo que aparece en nuestro camino, todavía tenemos algo que decir sobre la forma en que queremos recorrerlo.
Puede que no haya casualidades.
O puede que sí.
Pero mientras caminamos, siempre podemos hacer algo con aquello que la vida pone delante de nosotros.
Cuando la vida cambia nuestros planes, ¿qué hacemos con aquello que nos ha tocado vivir?





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