Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


El amor nace con una sonrisa


Amar también es aprender a dejar ir

El amor nos regala momentos hermosos, pero también puede traernos heridas, despedidas y aprendizajes que no esperábamos. A veces amar significa quedarse, y otras veces aprender a soltar.

Porque amar de verdad también significa crecer, aprender y seguir siendo nosotros mismos.


El amor comienza con una sonrisa, crece con un beso y muere con una lágrima.

Duele amar a alguien y no ser correspondido, pero quizá sea todavía más doloroso amar a alguien y no encontrar nunca el valor para decirle lo que sentimos.

Tal vez la vida nos haga conocer a algunas personas equivocadas antes de encontrar a las que realmente necesitamos, para que cuando lleguen sepamos valorar ese regalo.

Una de las cosas más tristes de la vida es conocer a alguien que significa mucho para nosotros y descubrir, finalmente, que no estaba destinado a quedarse.

Entonces tenemos que aprender a dejarlo ir.

Cuando una puerta de la felicidad se cierra, otra se abre. Pero algunas veces miramos tanto tiempo la puerta que se cerró que no somos capaces de ver la que tenemos delante.

Es cierto que muchas veces no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Pero también es cierto que no sabemos lo que estábamos perdiendo hasta que encontramos algo nuevo.

Dar a alguien todo nuestro amor nunca es una garantía de que seremos correspondidos.

Pero amar también significa aceptar que no podemos decidir lo que siente otra persona.

Si el amor creció en tu corazón, ya ha dejado algo hermoso en ti.

Hay palabras que nos gustaría escuchar de alguien y que quizá nunca lleguen.

Pero no debemos quedarnos sordos ante aquellas palabras que otras personas nos ofrecen desde el corazón.

Nunca digas adiós si todavía quieres intentarlo.

Nunca te des por vencido si todavía sientes que puedes seguir luchando.

Pero tampoco te quedes aferrado a alguien que ha decidido marcharse.

El amor también necesita libertad.

Llega a quien todavía sabe esperar después de una decepción.

A quien sigue creyendo después de haber sido traicionado.

A quien conserva el deseo de amar aunque alguna vez haya sido herido.

Y a quien tiene el valor y la paciencia necesarios para volver a construir la confianza.

Amar también significa dejar que la persona que tenemos delante sea ella misma.

No intentar convertirla en aquello que nosotros queremos que sea.

Porque, si pretendemos cambiarla para que se parezca a nosotros, quizá terminemos amando solamente nuestro propio reflejo.

Ve por alguien que te haga sonreír.

Porque a veces basta una sonrisa para iluminar una noche oscura.

Y deseo que encuentres a esa persona que consiga hacerte sonreír incluso en los días difíciles.

La brillantez del futuro también depende de nuestra capacidad para dejar atrás aquello que nos hizo daño.

No podemos cambiar el pasado, pero sí podemos decidir qué hacemos con él.

Podemos aprender.

Podemos perdonar.

Podemos seguir caminando.

Y podemos volver a abrir el corazón.

Cuando naciste, tú llorabas y quienes te rodeaban sonreían.

Vive de tal manera que, cuando llegue el momento de marcharte, tú puedas sonreír y sean los demás quienes lloren tu ausencia.

Reflexión final:

Quizá el amor no sea siempre esa historia perfecta que imaginamos.

A veces llega para quedarse.

Otras veces llega para enseñarnos algo y después continúa su camino.

Y aunque duela, eso no significa que haya sido un amor perdido.

Hay personas que pasan por nuestra vida y dejan una huella que permanece mucho después de haberse marchado.

Nos enseñan a amar.

A perdonar.

A confiar.

Y también, algunas veces, a dejarlas ir.

Porque querer a alguien no significa poseerlo.

Significa desear su felicidad, incluso cuando su camino ya no coincide con el nuestro.

Y cuando aprendemos eso, comprendemos que el amor no termina necesariamente cuando alguien se va.

A veces simplemente cambia de lugar: deja de vivir en nuestras manos y empieza a vivir en nuestro corazón.

Quizá también quieras continuar por aquí…

Si estas palabras te han recordado que amar también significa respetar la libertad de quien camina a nuestro lado, quizá quieras leer también Libertad, una reflexión sobre aprender a amar sin convertir el cariño en una jaula.


No hay comentarios: