
Hay palabras, abrazos y muestras de cariño que no deberíamos dejar siempre para después.
A veces creemos que tendremos tiempo para decir aquello que sentimos. Que mañana podremos pedir perdón, llamar a un amigo, dar un abrazo o decirle a alguien cuánto significa para nosotros. Pero la vida no siempre nos concede ese “mañana”. Quizá por eso algunas cosas merecen ser dichas mientras todavía tenemos la oportunidad.
Hay cosas que podemos dejar para mañana. El cariño, el agradecimiento y las palabras que llevamos dentro quizá no deberían esperar tanto.
Si estás enfadado con alguien y sientes que merece la pena arreglar las cosas, quizá puedas dar tú el primer paso.
No porque tengas que olvidar lo ocurrido ni porque siempre seas tú quien deba ceder, sino porque a veces una conversación sincera puede abrir una puerta que el orgullo había cerrado.
Si quieres a alguien, busca la manera de hacérselo saber.
No necesitas grandes declaraciones. A veces basta una palabra, una llamada, un mensaje o simplemente estar presente.
Si echas de menos a un amigo, búscalo.
Tal vez también esté pensando en ti.
Si necesitas un abrazo, pídelo. Y si sabes que alguien necesita el tuyo, acércate.
Hay abrazos que no solucionan los problemas, pero consiguen que por un momento no parezcan tan difíciles.
Si tienes amigos a los que quieres, díselo.
No demos por hecho que las personas saben lo importantes que son para nosotros. A veces necesitamos escuchar esas palabras, incluso cuando ya conocemos el cariño que hay detrás de ellas.
Y si quieres a tu familia, no esperes siempre a una fecha especial para demostrárselo.
Llama.
Pregunta cómo están.
Siéntate un rato a su lado.
Escucha sus historias, aunque ya las hayas escuchado muchas veces.
Porque con los años vamos comprendiendo que lo que verdaderamente permanece no son tantas de las cosas que acumulamos, sino los momentos que compartimos con quienes queremos.
También aprenderemos que algunas personas se alejan. Otras cambian de camino. Y algunas, simplemente, dejan de estar.
No podemos evitar todas las despedidas.
Pero sí podemos intentar que las personas que queremos sepan lo que significaron para nosotros mientras todavía están a nuestro lado.
No dejemos siempre para después ese “te quiero”.
Ni ese “gracias”.
Ni ese “perdóname”.
Ni ese “me acordé de ti”.
Ni ese abrazo que llevamos días pensando en dar.
No se trata de vivir con miedo a que mañana sea demasiado tarde.
Se trata de vivir un poco más conscientes de que el tiempo no nos pertenece por completo.
Hoy tenemos a alguien a quien llamar.
Hoy podemos decir una palabra bonita.
Hoy podemos acercarnos.
Hoy podemos perdonar, cuando sea posible.
Hoy podemos querer.
Y quizá mañana también.
Pero, si podemos hacerlo hoy...
¿por qué dejarlo para mañana?
Porque la vida no siempre nos avisa cuándo será la última oportunidad.
Y hay palabras que, cuando se dicen a tiempo, pueden quedarse para siempre en el corazón de quien las recibe.





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