Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Que nunca olvidemos que la vida merece ser vivida.

Que las dificultades de la vida nunca consigan apagar aquello que nos hace seguir creyendo, amando y soñando.

A veces la vida nos pone delante situaciones que cambian nuestra manera de mirar las cosas. Perdemos personas, atravesamos decepciones, tenemos días en los que cuesta encontrar una razón para sonreír. Y, sin embargo, hay algo que podemos intentar conservar: esas pequeñas cosas que nos hacen seguir sintiendo, queriendo y esperando.

Que la vida me enseñe a mirar de frente sus dificultades sin dejar que apaguen aquello que hace bonito mi manera de vivir.

Que no pierda el romanticismo, aun sabiendo que las rosas no hablan y que no todos los sueños terminan como los imaginamos.

Que no pierda el optimismo, aunque a veces el futuro se presente lleno de incertidumbres.

Que no pierda las ganas de vivir, incluso cuando la vida duela.

Que no pierda las ganas de tener buenos amigos, aun sabiendo que algunos caminos se separan y que hay personas que un día dejan de caminar a nuestro lado.

Que no pierda las ganas de ayudar a los demás, aunque no siempre recibamos un gracias a cambio.

Que no pierda el equilibrio cuando las cosas se tambaleen.

Que no pierda las ganas de amar, aunque alguna vez el amor no sea correspondido como esperábamos.

Que no pierda la luz de la mirada, aunque haya días que me hagan llorar.

Que no pierda el valor para seguir adelante cuando aparezcan las derrotas y las pérdidas.

Que no pierda la razón cuando tenga que tomar decisiones difíciles, ni la capacidad de escuchar aquello que me dice el corazón.

Que no pierda el sentido de la justicia, incluso cuando defender lo que creo pueda resultar incómodo.

Que no pierda las ganas de abrazar, de acercarme a quienes quiero y de decirles cuánto significan para mí.

Que no pierda la capacidad de encontrar belleza en las cosas sencillas, incluso después de haber derramado muchas lágrimas.

Que no pierda el amor por mi familia, aunque querer a los nuestros también implique paciencia, esfuerzo y aprender a aceptar nuestras diferencias.

Que no pierda la capacidad de dar cariño, aunque alguna vez no sea recibido como esperaba.

Y, sobre todo, que no pierda las ganas de seguir creciendo.

No necesito que la vida sea perfecta.

Solo necesito no olvidar aquello que quiero conservar dentro de mí mientras la recorro.

Quiero seguir emocionándome con una rosa, una canción, una conversación sincera o un abrazo.

Quiero seguir creyendo que las personas pueden sorprendernos para bien.

Quiero poder mirar atrás sin sentir que el dolor consiguió quitarme las ganas de vivir.

Porque habrá pérdidas.

Habrá decepciones.

Habrá días en los que todo parezca más difícil.

Pero también habrá encuentros, risas, nuevos comienzos y momentos que harán que todo vuelva a tener sentido.

Por eso, si algún día la vida intenta apagar alguna de estas cosas en mí, espero recordar que también puedo elegir qué quiero conservar.

Que no pierda la capacidad de amar.
Que no pierda la esperanza.
Que no pierda las ganas de seguir soñando.

Porque quizá vivir no consista en conseguir que nunca nos duela nada.

Quizá consista en atravesar lo que duele sin dejar que nos quite todo aquello que todavía merece la pena sentir.

Y mientras podamos seguir encontrando un poco de luz en el camino,

Que nunca olvidemos que la vida merece ser vivida.

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