Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Una persona ganadora, una persona perdedora.

Quizá ganar en la vida no tenga tanto que ver con llegar antes que los demás, sino con aprender de cada paso que damos.

Durante mucho tiempo nos han hecho creer que existen personas que ganan y personas que pierden. Como si la vida fuera una competición en la que unos avanzan mientras otros se quedan atrás.

Pero con los años quizá descubrimos que las cosas no son tan sencillas.


Una persona puede equivocarse y, en lugar de buscar culpables, preguntarse qué puede aprender de lo ocurrido. Puede reconocer que se equivocó y seguir adelante. Y otra puede pasar demasiado tiempo justificándose, sin darse la oportunidad de aprender de aquello que sucedió.

No porque una sea mejor que la otra, sino porque todos tenemos momentos en los que reaccionamos de una manera u otra.

La adversidad también puede enseñarnos.

No porque tengamos que agradecer cada dificultad que aparece en nuestra vida, sino porque, cuando atravesamos momentos complicados, muchas veces descubrimos capacidades que desconocíamos.

Aprendemos a tener paciencia.

A pedir ayuda.

A cambiar de camino.

A intentarlo de otra manera.

Y también aprendemos que no todo depende de nosotros. Hay circunstancias que no podemos controlar y resultados que, por mucho que nos esforcemos, no siempre serán los que esperábamos.

Aceptar eso también forma parte de crecer.

Una persona que quiere avanzar no necesita demostrar constantemente que es mejor que los demás. Puede mirar lo que hace y pensar: “Todavía puedo hacerlo un poco mejor”.

No para competir.

Para crecer.

También sabe escuchar.

No escucha simplemente esperando su turno para hablar, sino intentando comprender qué está diciendo la otra persona. Y cuando encuentra a alguien que sabe más, en lugar de sentirse amenazado, puede sentir curiosidad y aprender.

Porque siempre hay algo que aprender de los demás.

Y quizá el verdadero éxito tenga mucho que ver con nuestra manera de relacionarnos.

Cumplir nuestra palabra cuando podemos.

Reconocer nuestros errores.

Dar las gracias.

Ayudar cuando está en nuestras manos.

No mirar hacia otro lado cuando algo necesita ser mejorado.

Hay personas que dicen: “Eso no es asunto mío”.

Y otras que, sin necesidad de hacerse responsables de todo, preguntan:

“¿Qué puedo hacer yo?”

Ahí también existe una diferencia.

Cuando aparece un problema, podemos quedarnos señalando aquello que no funciona o intentar formar parte de la solución. Podemos aferrarnos a aquello de “siempre se ha hecho así” o preguntarnos si existe una manera diferente de hacerlo.

No siempre encontraremos una respuesta.

Pero hacernos la pregunta ya puede abrir una puerta.

Y quizá eso sea lo que realmente significa ganar.

No tener siempre razón.

No conseguir siempre lo que queremos.

No estar por encima de nadie.

Sino ser capaces de mirar nuestra propia vida y preguntarnos si estamos creciendo, si estamos aprendiendo y si nuestras decisiones nos acercan a la persona que queremos ser.

Porque cuando miramos solamente el ladrillo que nos toca colocar, podemos olvidar la pared que estamos construyendo.

Y cuando levantamos un poco la mirada, quizá comprendamos que cada pequeño gesto cuenta.

Al final, quizá no haya personas ganadoras y perdedoras.

Hay personas que aprenden de lo que viven y personas que todavía están aprendiendo.

Y todos, absolutamente todos, estamos en algún punto de ese camino.



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