
Hay momentos en los que la vida nos obliga a empezar de nuevo. Y quizá los pájaros tengan algo que enseñarnos sobre ello.
¿Alguna vez te has detenido a observar a los pájaros cuando construyen su nido? Durante días buscan pequeñas ramas, hojas, hierbas y todo aquello que pueda servirles para levantar un lugar donde refugiarse. Van y vienen, recorriendo a veces grandes distancias para conseguir lo necesario.
Cuando por fin parece que todo está terminado, puede llegar una tormenta y llevárselo por delante.
O puede destruirlo otro animal.
Incluso la mano del ser humano puede acabar, sin querer o sin pensar, con todo aquel trabajo.
¿Y qué hace el pájaro?
No se queda mirando para siempre lo que ha perdido.
Vuelve a empezar.
Busca nuevas ramas, recoge otros materiales y comienza otra vez a construir. Y si el viento vuelve a llevarse el nido, vuelve a intentarlo.
A veces la vida puede parecernos un poco así.
Construimos algo con ilusión y, cuando creemos que por fin lo tenemos, ocurre algo que no esperábamos y todo cambia.
Puede suceder con el trabajo, con una relación, con una amistad, con un proyecto que nos importaba mucho o simplemente con esa vida que habíamos imaginado de una determinada manera.
Y duele.
Duele tener que empezar otra vez cuando sentíamos que ya habíamos hecho bastante.
Duele perder algo que nos había costado mucho construir.
Duele cuando la confianza se rompe, cuando una meta no llega a cumplirse o cuando las cosas se tuercen precisamente cuando pensábamos que empezaban a ir bien.
Hay momentos en los que uno se pregunta si merece la pena continuar.
Pero quizá ahí podamos recordar a los pájaros.
Ellos no saben cómo será el día siguiente. No pueden controlar el viento ni impedir que llegue la lluvia. Simplemente hacen lo que pueden con aquello que tienen delante.
Construyen.
Y mientras construyen, cantan.
Tal vez nosotros también necesitemos aprender algo de esa manera de vivir.
No se trata de negar lo que duele ni de fingir que no pasa nada. Hay pérdidas que necesitan su tiempo y heridas que no desaparecen de un día para otro.
Se trata de no dejar que aquello que hemos perdido nos convenza de que ya no podemos construir nada nuevo.
Quizá tengamos que recoger algunos pedazos de nuestra esperanza y comenzar otra vez, aunque al principio no sepamos muy bien cómo hacerlo.
Un pequeño paso.
Una nueva oportunidad.
Una conversación pendiente.
Un sueño que habíamos dejado olvidado.
A veces volver a empezar no significa regresar al punto de partida. Significa hacerlo desde todo lo que hemos aprendido por el camino.
Y quizá esa sea una de las formas más silenciosas de valentía: seguir construyendo después de haber visto caer nuestro nido.
Por eso, cuando la vida nos obligue a comenzar de nuevo, recordemos a los pájaros.
Quizá no podamos evitar todas las tormentas.
Pero podemos volver a recoger nuestras ramas.
Podemos volver a construir.
Y, mientras lo hacemos, no dejemos de cantar.





No hay comentarios:
Publicar un comentario