Parece tan poco tiempo… y, sin embargo, dentro de un minuto puede caber una parte importante de nuestra vida.
A veces decimos “solo es un minuto” como si el tiempo pudiera medirse únicamente por su duración. Un minuto parece demasiado pequeño para que pueda ocurrir algo importante. Y, sin embargo, basta mirar nuestra propia vida para descubrir cuántas cosas pueden suceder en sesenta segundos.
Un minuto puede servir para sonreírle a alguien.
Para mirar el camino que tenemos delante, detenernos ante una flor, respirar su perfume o sentir bajo los pies el césped mojado después de la lluvia.
Puede servir para escuchar el silencio.
Para mirar a alguien a los ojos y decir aquello que llevábamos demasiado tiempo guardando.
Hay minutos que parecen iguales a todos los demás, hasta que la vida decide convertirlos en algo que recordaremos para siempre.
En un minuto podemos decir sí.
O podemos decir no.
Podemos conocer a alguien, estrechar una mano y comenzar una amistad que dure muchos años.
Podemos recibir una noticia que cambie nuestros planes, sentir la alegría de una victoria o el peso de una derrota.
Podemos experimentar la tristeza, la incertidumbre, la soledad, la espera… y también esa felicidad sencilla que aparece cuando por fin volvemos a encontrarnos con alguien que queremos.
En un minuto podemos pedir perdón.
Podemos perdonar.
Podemos decir “te quiero”.
Podemos tender una mano.
Podemos animar a alguien que está a punto de rendirse.
Y a veces, un minuto puede ser suficiente para cambiar el rumbo de una vida.
Cuántos minutos dejamos pasar sin darnos cuenta.
Minutos que creemos insignificantes porque pensamos que mañana habrá otros.
Pero también hay minutos que guardamos para siempre en la memoria: el último saludo a alguien que se marchaba, el instante en que conocimos a una persona que terminaría siendo importante, el momento en que recibimos a un hijo entre los brazos o aquel abrazo que llegó justo cuando más lo necesitábamos.
Entonces comprendemos que el tiempo no siempre se mide por la cantidad.
Hay minutos que duran sesenta segundos.
Y hay minutos que se quedan con nosotros durante toda una vida.
Por eso quizá no se trate de vivir deprisa ni de intentar aprovechar cada segundo como si tuviéramos que hacer algo extraordinario todo el tiempo.
Se trata, simplemente, de estar presentes.
De no dejar siempre para mañana ese abrazo que podemos dar hoy.
Esa llamada que llevamos días posponiendo.
Ese “gracias” que nunca encontramos el momento de decir.
Ese “te quiero” que creemos que la otra persona ya sabe.
Porque quizá el momento perfecto no llegue nunca.
Pero este minuto sí.
Tu tiempo es ahora.
La vida no está solamente en lo que esperamos que suceda algún día.
También está aquí.
En este instante.
En este minuto.
Y quizá valga la pena vivirlo con los ojos un poco más abiertos y el corazón un poco más despierto.
Porque los minutos pasan.
Pero algunos de ellos pueden dejarnos recuerdos, encuentros, palabras y emociones que nos acompañarán durante mucho tiempo.
No dejemos que la vida pase delante de nosotros mientras esperamos el momento adecuado para vivirla.





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