A veces no podemos evitar la tristeza, pero sí podemos buscar una pequeña luz dentro de ella.
Hay días en los que la tristeza aparece sin pedir permiso. Se instala en nosotros y parece que todo pesa un poco más de la cuenta. Cuando te ocurra, no te castigues por sentirte así.
Si puedes, regálate una sonrisa, aunque al principio sea pequeña. Y si no sale, prueba a silbar una canción, a cantar, a salir un rato al aire libre o simplemente a hacer algo que te devuelva, aunque sea por unos minutos, un poco de calma.
Busca dentro de ti esos pequeños motivos que todavía permanecen ahí.
Una persona que quieres.
Un recuerdo que te hace sonreír.
Una taza caliente entre las manos.
Una canción.
Un rayo de sol entrando por la ventana.
No hace falta que sean grandes cosas.
A veces, cuando estamos tristes, necesitamos precisamente eso: recordar que la vida también está hecha de pequeños momentos que siguen esperando que los miremos.
La tristeza no desaparece porque le ordenemos que se vaya. Pero puede ir perdiendo fuerza cuando dejamos de alimentarla con pensamientos que nos hacen daño y empezamos a acercarnos, poco a poco, a aquello que nos hace bien.
No tienes que fingir que eres feliz.
Puedes estar triste y, al mismo tiempo, buscar un poquito de alegría.
Puedes tener un día malo y seguir encontrando algo bonito en él.
Y quizá una sonrisa no cambie lo que está ocurriendo, pero puede cambiar por un instante la manera en que lo estamos viviendo.
A veces basta con eso.
Con respirar.
Con cantar bajito.
Con mirar hacia fuera.
Con recordar que ningún sentimiento permanece para siempre.
Y que, incluso en los días grises, siempre podemos dejar una pequeña ventana abierta para que entre la luz.





No hay comentarios:
Publicar un comentario