Donde las palabras encuentran calma y el corazón encuentra refugio. Porque siempre hay una reflexión capaz de iluminar un día. En la mayoría de las ocasiones las reflexiones nos sirven como meditación ante aquellas situaciones que parecerían un problema insalvable, nos hace más conscientes de que las cosas además de ser como son, también dependen de cómo las vivamos. Mis Reflexiones y Sentimientos es un lugar donde las palabras no buscan hacer ruido; buscan hacer compañía. Mi consejo es invitaros a leer las reflexiones muy poco a poco, incluso sólo una de cada vez, para poder saborearlas y asimilar así mejor su enseñanza.

  Náyade García Marrero


Tenemos Parkinson, pero seguimos siendo nosotros

Antes que una enfermedad, somos una historia

Cuando una enfermedad entra en nuestra vida, puede cambiar muchas cosas: nuestros ritmos, nuestros planes, nuestra manera de movernos… Pero hay algo que no debería cambiar nunca: la persona que somos. Porque detrás de un diagnóstico sigue existiendo alguien con sueños, recuerdos, sentimientos y ganas de seguir viviendo.


Hay una frase que me acompaña desde que el párkinson llegó a mi vida:

La enfermedad puede cambiar muchas cosas, pero nunca debería tener el poder de borrar nuestra identidad.

No somos un diagnóstico.

No somos un temblor, una rigidez o una dificultad para caminar.

No somos una voz que se apaga ni una letra que cada día se hace más pequeña.

Somos las mismas personas que soñaban, reían, amaban y hacían planes antes de que la enfermedad llamara a nuestra puerta.

El párkinson puede cambiar nuestro cuerpo de muchas maneras. Puede hacer que nuestros movimientos sean más lentos, que el equilibrio falle, que aparezcan el dolor, los mareos o los desmayos. Puede alterar el sueño, la memoria, la expresión del rostro, la intensidad de la voz o incluso el sentido del olfato. Hay días en los que también pone a prueba nuestras emociones, llenándolas de incertidumbre, tristeza o ansiedad.

Y, como si todo eso no fuera suficiente, muchas veces tenemos que dar explicaciones.

Explicar por qué hoy no podemos hacer lo que ayer sí hicimos. Explicar por qué necesitamos descansar, por qué caminamos despacio o por qué rechazamos una invitación.

Hay días en los que el mayor cansancio no proviene de la enfermedad, sino de sentir que debemos justificar continuamente aquello que los demás no pueden ver.

Las enfermedades invisibles nos obligan, demasiadas veces, a demostrar un dolor que ya llevamos sobre los hombros.

Y eso también duele.

Pero hay algo que no puede arrebatarnos:

Nuestra capacidad de seguir adelante.

Nuestro deseo de vivir.

Nuestra dignidad.

Y nuestra forma de querer a quienes nos rodean.

Por eso es tan importante hacer visible lo invisible.

Hablar de lo que sentimos no es quejarnos.

Es ayudar a que quienes nos rodean comprendan una realidad que muchas veces no se ve desde fuera. Es derribar prejuicios y construir empatía. Es recordar que detrás de cada persona con párkinson hay una historia, una familia, unos sueños y una vida que continúa.

Cada vez que compartimos nuestra experiencia, tendemos un puente entre quienes convivimos con la enfermedad y quienes desean comprenderla.

Y ese puente puede cambiar muchas miradas.

Sigamos adelante.

Porque el párkinson puede cambiar nuestro cuerpo, pero nunca nuestra capacidad de amar, de soñar y de seguir adelante.

Habrá días buenos y días difíciles. Habrá momentos en los que sentirás que la enfermedad intenta robarte demasiado.

No se lo permitas.

Puede ralentizar tus pasos, pero no tus ilusiones.

Puede cambiar tu forma de caminar, pero no el rumbo de tu vida.

Puede poner obstáculos en el camino, pero no decidir quién eres.

Seguimos siendo nosotros.

Y mientras conservemos la capacidad de sonreír, de emocionarnos, de querer y de tender la mano a otros, seguiremos demostrando que somos mucho más grandes que cualquier enfermedad.

Porque el párkinson puede hacer más lento nuestro paso, pero nunca podrá impedir que avancemos cuando alguien decide caminar a nuestro lado.

A ti, que también caminas por este sendero, no dejes que la enfermedad decida quién eres. Y a ti, que acompañas a alguien que lo recorre, recuerda que tu comprensión puede aliviar más de lo que imaginas.

Y a quienes camináis a nuestro lado, gracias por mirar más allá de la enfermedad y seguir viendo a la persona que siempre hemos sido.

Si alguna vez has sentido que los demás solo ven aquello que muestra la enfermedad, quizá quieras leer también Parece que estás bien, una reflexión sobre todas esas batallas que muchas veces libramos en silencio y que no siempre se pueden ver.

Detrás de la imagen

Hay manos que sostienen sin hacer ruido. Manos que no curan la enfermedad, pero alivian el peso del camino.

En esta imagen no hay un gesto de compasión, sino de compañía. Las manos no sujetan por debilidad, sino para recordar que incluso las personas más fuertes necesitan, de vez en cuando, apoyarse en alguien.

Ojalá cada persona que convive con esta enfermedad encuentre unas manos así: unas que escuchen, comprendan y permanezcan. Porque cuando alguien nos sostiene con cariño, el camino sigue siendo difícil, pero deja de recorrerse en soledad.

A veces la mayor muestra de amor no consiste en encontrar las palabras adecuadas, sino en ofrecer unas manos que digan: "Estoy aquí. Caminaremos esto juntos"


3 comentarios:

Luzma dijo...

Amiga un beso grande !!! me gusta mucho tu blog nos hace pensar y ver de otra forma la vida !!!

Náyade García Marrero dijo...

Muchas Gracias

Anónimo dijo...

Saludos